DEUDA
La Obra Dittborn es interminable. Elimino el “de” con el propósito de monumentalizar un objeto y precisar sus límites formales. Monumentalizar implica patrimonializar una obra en curso, que ha fijado un decurso en el arte chileno. Por eso es interminable. El monumento tiene que ver con las formas de hablar, de levantar un aparato de comentario, de edificar diversos momentos en que la combinación de ciertos elementos fijan situaciones de no retorno en las maneras de pensar los procesos. Hablar de la línea conduce a seguir la traza de la mancha, en la tradición chilena de la falla de transferencia. La transferencia como falla, me dirán. En esta medida, su trabajo me introdujo en el discurso de arte en Chile. Me había dedicado a trabajar sobre las relaciones entre espacio político y espacio plástico, en términos generales. En Dittborn comprendí de inmediato el alcance etnográfico de su pensamiento visual. Desde entonces, no he hecho más que glosar su trabajo. No puedo hacer más. Me supera...