CONTRAPORTADA
ARGEL es una novela escrita en condicional, que relata la dificultad de escribir una novela sobre la recomposición discursiva de la oposición democrática a la dictadura. Comienza con la epopeya de los becarios de mediados de los sesenta, que viajan a Francia enviados por el cura Vekemans, en premio por servicios rendidos en la ciénaga del movimiento estudiantil católico. Regresan al cabo de algunos años en posesión de un “marxismo marmicoc”, en virtud del cual pasan a ocupar la posición de asesores de comité central, poniendo a disposición de la inteligencia partidaria los nuevos métodos interrogativos de unas ciencias sociales subordinadas a un nuevo tipo de voracidad. Lo que hacen es poner en un mismo nivel la tarea de pensar lo social con la tarea de inteligencia y seguridad partidaria, convertida en práctica de vigilancia de un tipo de “informe político” destinado a “dar cuenta” del deseo de la tribu. Para realizar dicho cometido hará efectiva la disposición laboral de un método infalible de interpretación, adecuado a la voluntad orgánica de una dirección proletaria que encarna el destino de la Historia, garantizando la cientificidad de la tarea mediante un bolchevismo escolar que amolda la revolución chilena a una particular matriz leninista, que sustituye la lectura delegada de una “sagrada escritura” anterior. ARGEL replica el momento del regreso de los becarios y de las habilidades de manejo de unas transferencias teóricas que pronto revelan su merma de adecuación. En la razón dialéctica de los becarios existe una contraparte, sostenida por la erección de un personaje contrahecho, que permanece en el país para guardar la casa y diseñar la estrategia de ruptura de la tribu, que abandona la cultura socialcristiana para integrar y fecundar un conglomerado de que se propone imprimir una aceleración transicional al socialismo, regulada por la retórica topográfica de la correlación de fuerzas, explotando más allá del límite la tolerancia retentiva del resquicio (la fisura), como parte de un proyecto académico-laboral que hunde sus raíces en la escolástica parroquial chilena, encarnada por la figura de ficción sostenida por el nombre de Enrique Correa, a título de (verdadero) significante literario. ARGEL es una novela que enfrenta el dilema formulado en “Apuntes para una Orestíada africana” por Pier Paolo Pasolini (film, 1969), sobre la dificultad de realizar un film sobre la descolonización africana. Desde este modelo generativo, he escrito “una novela sobre la dificultad de escribir una novela” sobre la degradación del regreso de los becarios, que son las figuras griegas (furias y erinias) que contribuyen a la reproducción criolla de la Orestiada. Se que me es imposible modelar una novela, pero es la única cosa que trato de hacer.Todo lo que que podría hacer no será nunca sino una pálida imagen de lo que veo y mi logro estará siempre por debajo de mi fracaso, o quizás el logro siempre iguale al fracaso. No sé si trabajo para hacer algo o para saber que no puedo hacer aquello que querría. Esto lo escribe Giacometti en 1959 cuando responde a la pregunta sobre cuales son sus intenciones artísticas. De algún modo, Lenin se preguntaba (más o menos) lo mismo: ¿qué hacer? Mientras los becarios estrenan las vestiduras que los habilita para representar la misión que su tiempo les ha reservado, Enrique Correa -como personaje de ficción- les ha montado un andamiaje escolástico, determinando el accionar de una generación completa de agentes de enlace, que después del golpe de Estado de 1973 llevará a cabo la gigantesca migración de profesionales de las ciencias sociales hacia el “sitio eriazo” de la des/marxistización rockefelleriana, desactivando la conflictividad potencial del movimiento social, cuya ilusión contribuye a sostener durante la dictadura. Solo eso.
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