TEORISMO




La última palabra de la entrega anterior: LENGUA. En los setenta, hubo una lectura que iría en contra de las suturas con que los perros guardianes arreglaban los retazos de textos para acomodar el Programa. Palabras sacan palabras. Perros. Orinan. Marcan el terreno con sus lecturas, para acomodar los instrumentos ópticos sobre la situación concreta. Esta es la gran ficción narrativa del periodo. No hay escritores nuevos, porque la sociología logro superar la ficción chilena. Los cuentistas no se encuentran entre los escritores formados en el Pedagógica, sino en las nuevas ciencias de la sociedad en transformación regulada. Aquí aparece la gesta de los nuevos perros guardianes. Nuestro realismo mágico se localiza en la gran invención chilena: el informe político. Pero no es objeto de la industria editorial catalana en versión castellana, sino que corre por una vía diferente, de paralelismo convergente, a la italiana en los hechos, pero pronunciadas con voz francesa mal pronunciada. (Risas. Aplausos prolongados). El delirio de la correlación de fuerzas inunda la decibilidad de la coyuntura: el accionalismo católico deslizara a los sujetos hacia el teorismo marxiano, en una actitud (verdaderamente) galileana. No de matemático, sino de comerciante. Lo primero que hizo al hacer copiar un anteojo alarga vista que un corresponsal parisino le había descrito, fue acudir a la Serenísima para ofrecer las virtudes militares del instrumento. No le fue bien. Entonces, apunto la cosa hacia la luna y descubrió que lo que novia que descubrir. Los teólogos tuvieron que reordenar el Cielo. Los sociólogos se dieron a la tarea de reordenar la Tierra. Es decir, sustituir (desde la ciencia frágil) a la literatura (que había operado como anticipo fuerte de una Idea de Chile). Teorismo es una palabra fea. Es una semi-palabra. Y sin embargo, sirve para palabrear lo decible tolerado y tolerable. Sera una teoría no-toda. Necesariamente faltante. Por eso se escribe de este modo: teorismo. Lo de marxiano remite, en su medida, a la excavación textual regulada por las necesidades de un método que permita leer las vicisitudes del Mundo Sub-Lunar. Todo esto tiene lugar antes de que en FLACSO hubiesen adquirido un ejemplar del libro de Kuhn sobre los paradigmas (para una historia del  empleo de ciertas palabras). En Chile, el problema no residía en invertir la dialéctica hegeliana, después de que en el CESO los agentes académicos hicieran seminarios sobre los Grundrisse, porque no había suficiente entrenamiento en la materia, sino tan solo debían revertir la escolástica española decadente y violentarla con un materialismo afrancesado transferido a la medida de una ambición por etapas, para habilitar el paso  de la categoría de la caridad a la secretaria del conflicto. De modo que, la crisis de 1973 fue, básicamente, una crisis de administración de intensidades que debían ser dirigidas hacia una ruptura, previa regulación de las expectativas.  Digamos, con la mano en el pecho, para denotar honestidad encubierta, fue un problema de manejo de recursos interpretativos, para los cuales, la forma fue sobrepasada por el deseo. Los secretarios no supieron leer el Gran Texto del Mundo, y en esa medida, los becarios no fueron escuchados, porque sometieron su (pre)ciencia desde antes de su regreso, a las necesidades  de justificación de lo injustificable, sabiendo que su tarea delegada residía en el pliegue de los preceptos elementales a las conveniencias de la coyuntura, como espacio atribuible al deseo narrable del mandante.  


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