(HIPO)TESIS



Por las ramas. En LENGUA,  menciono una lectura que fue escrita en contra de unas suturas, sin embargo no dije cual. Era “Sade, Fourier, Loyola”, de Barthes. Alli se plantea que estos tres autores son “logotetas”; es decir, inventores de lengua. Todo ellos se refieren a acciones que tienen lugar en espacios cerrados, aislados (un castillo, un falansterio, un convento), de excepción. La (hipo)tesis de ARGEL se sustenta en el trato de los personajes que operan como significantes literarios: Correa-Moulian-Garretón. Nada personal: solo son encarnaciones de modelos de ficción que dan cuenta de una práctica discursiva  en el marco delimitable de una coyuntura, cuya consistencia proviene de la tensión provocada por el bloqueo de una correlación de fuerzas, en cuya escenificación tiene lugar un empate catastrófico que acelera la ruptura de un sistema de relaciones sociales, en virtud de una rebelión que debe ser, previamente garantizada por el Derecho Natural. Esta tensión determina la viabilidad de una novela de la degradación democrática, ya prefigurada en su necesidad, por el cuento realista chileno, cuya antología formaba parte de un proyecto editorial que Yerko Moretic y Franklin Caicedo tuvieron la iniciativa de montar, a comienzos de los sesenta,  como expansión de la sección de critica literaria del diario “El Siglo”. El verdadero realismo, diez años después, se cristalizo en la escritura de Moulian-Garretón, como ficción recolectora del eco de la voz de Correa, que dicta la agenda de lo pensable, para un periodo completo de compensaciones discursivas, plasmadas en un ensayo primario sobre la distención entre democracia y socialismo, por un lado, y una reunión de textos mesiánicos sobre los cristales rotos de la democracia, con el objeto de narrar las condiciones de una alianza posible, destinada a re/conyugalizar la noción de pacto político. En este terreno, la sociología; es decir, “una cierta” socio(logo)patía, gramatologizada por grandes instituciones de transferencia, que promueve la industria de la Inteligencia como Re/Verso del manejo de intensidades sociales, para cubrir su desactivación, bajo las necesidades de una reforma del entendimiento sobre los límites. Sobre todo, eso. Los límites. Porque para la des/limitación, no habría financiamiento. De ahí que, lo primero que levantaron, como ficción, fue la primacía de la estructura respecto de la acción parroquial, ya que esta última solo podía realizarse en el marco definidos por las condiciones fijadas por el Pleno del Comité Central, única entidad que podía garantizar la localización de la contradicción principal entre las fuerzas de la interpretación correcta y las relaciones de producción discursiva acreditadas por la sistematización pedagógica de unos conceptos elementales que debían hacerse asequibles a las masas mediante la difusión de unos cuadernos de educación popular, que debían contribuir a la subjetivación de los niveles objetivos de la conciencia histórica. La tarea de los profesionales de las ciencias sociales era la de acomodar analíticamente las condiciones revolucionarias objetivas, para así poder combinar las formas de lucha y transformar el extraño mestizaje del tránsito institucional a través de un reformismo incompleto que habilitaba de manera ordenada la factibilidad de una revolución pasiva, al menos en los propósitos confesables. Sin embargo, olvidaron la tarea, en provecho de la autopromoción de la dimensión cultural de su estatuto, desviando el ejercicio sistemático y controlado de su propia autorreflexión critica, al subordinar sus pretensiones a no ser más que productora de insumos para la industria de la gobernabilidad, modificando sus incentivos temáticos. 


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