SALMO
Debo admitir que la tarea asignada en la columna anterior no ha sido cumplida. Que sirva de excusa la aplicación de un retraso en el ejercicio analítico. Una muestra es una forma de producir el pensamiento de una catástrofe. La lectura de la obra requiere de un entrenamiento catequético al que no accede un público formateado por el laicismo literal. Al menos, la infraestructura católica en que se sostiene nuestra inepta condición crítica proporciona un punto de apoyo para proseguir con la tarea y completarla en la medida de lo posible. La notación exponencial determina la forma de expresión que adquiere la pieza que ahora reproduzco de manera completa, de tal forma que el objeto de tela ocupa el lugar de la Base, en el encuadre del lado izquierdo, mientras en el lado derecho se dispone el enmarcado de un trozo de papel de cuaderno escolar de caligrafía, sobre el que aparece el Exponente impreso, ocupando la zona del el margen y el área central del corpus, un fragmento del Salmo 91:7. La línea roja vertical que hace la distinción señala áreas de potencialidad gráfica que reafirma la urgencia con que ha sido arrancada la página de su anillo de empaste, dando pie a una variante en la pieza. Aquí se expone el pequeño papel que hace referencia a ese otro que se introduce entre las piedras del Muro de las Lamentaciones, portando una oración, plegaria o deseo. Acá, a falta de muro, se expone en un relicario, pasando a ser considerado un objeto sagrado alusivo al recuerdo de eventos trágicos, como ser, el 11 de septiembre de 1973, asociado simbólicamente a la destrucción del Templo, representado por la figura de Salvador Allende, que pasa a encarnar una “idea espiritual” que debía concretarse en la formación de una nación-estado socialista. La afirmación “caerán a tu lado mil, / Y diez mil a tu diestra” quiere decir que Dios es todopoderoso y protege a todos los que son suyos. Es una metáfora que tiene su peso. Habrá que pensar en el personaje aludido, terrenal, que no tuvo el poder para proteger a los suyos de la calamidad, por anteposición. Aquí hay dos interpretaciones posibles: por un lado, podrán caer miles, pero no afectará a quienes son suyos; por otro lado, Dios libra al creyente de la trampa del cazador y de la peste, anunciado el Salmo 91:3-6. El empleo de “suyos” es restrictivo, porque solo se remite al “pueblo” para quien tiene sentido el “sonido metálico de su voz” (de Allende), y que señala la dimensión de la calamidad (tanto del golpe militar como de la transición interminable montada sobre un pacto obsceno). La escritura del salmo alude a que la devastación puede golpear al país (a la gente, a los miles) pero que a pesar de estar rodeados (“miles” significa “multitud”), “a ti (los suyos) no te (les) llegará). La enseñanza de este salmo, leído en clave política, es que el poder de su palabra (Allende) puede acercarnos al peligro (de hecho, lo hace), pero que, sin embargo, puede alejarnos de él, como cuando las plagas afligieron a los egipcios y el pueblo de Israel nunca fue afectado por ellas. Los artistas, como hombres piadosos, pueden ser víctimas de una calamidad institucional, como lo que ocurre en estos momentos de descreimiento, pero esto es para su bien, a diferencia de los relativistas que caen a su alrededor. Este podría ser el sentido del cuadro Exponente. Mientras a su lado, el encuadre Base se somete a la materialidad del objeto blando, que presumiblemente corresponde a un escapulario, con la particularidad de reemplazar el delante y el detrás por la doble página de un emblema que se asemeja a un breviario abierto, con un ojal central confeccionado gracias a una tosca costura, apto a ser encajado en el botón especialmente cosido a una camisa de interior. En cada una de sus caras, cercano al orificio, dos rasgaduras verticales sin costura protectora parecen permitir la introducción de papelillos como el que percibimos en el encuadre Exponente. El escapulario ha cambiado de campo léxico: por dentro, ha pasado a ser, de objeto portador de imágenes y escritos, a fetiche protector de un cuerpo de lamentaciones; por fuera, se ha vuelto condensador de la imagen sustituta del cuerpo de aquel, que se sacrificó por los “suyos”, mostrando el camino hacia una economía de la encarnación, en un mundo del que ha sido proscrita toda esperanza.
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